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LA
PROBLEMÁTICA DEL ALCA
En
el ALCA
participan todos los países de Latinoamérica
y el Caribe,
junto a Estados
Unidos y Canadá,
con la excepción de Cuba.
En caso de concretarse será el bloque comercial más
grande del mundo, con más de 800 millones de
personas. Para el escritor y profesor Rafael Suárez
Carcavallo el ALCA representa la anexión de las
economías latinoamericanas a la gran economía
estadounidense, la continuación de una política de
defensa norteamericana ante la Unión Europea
consolidada en la guerra con Irak, y el
resquebrajamiento industrial de los países de América
Latina y el Caribe.
Durante
la I Cumbre de las Américas, celebrada en diciembre
de 1994 en Miami, Presidentes de 34 países de América
acordaron iniciar la promoción y constitución del Área
de Libre Comercio de las Américas (ALCA), con el propósito
de conformar una zona de libre comercio que abarque
todo el continente y favorezca la eliminación
progresiva de las barreras comerciales y de inversión
en la región. ¿Cuál es tu visión al respecto?
Hace
poco tiempo, leyendo el periódico “La Semana”, de
Libertad, San José, las declaraciones de Monseñor
Pablo Galimberti me parecieron más que elocuentes a
la hora de entender el proceso de conformación del
ALCA. Se preguntaba “si estamos ante una verdadera
integración o estamos ante una anexión”. Comparto
con él su conclusión: el ALCA es un proceso de anexión
de las economías latinoamericanas a la gran economía
estadounidense. No es bajo ningún concepto un proceso
de integración. Porque si lo fuera, los beneficios
serían parejos y en este caso no lo son. La economía
norteamericana representa el 75 por ciento del PBI de
todo el continente. ¿De qué manera los productos
uruguayos, haitianos, bolivianos, peruanos,
jamaiquinos, etc, pueden competir contra un PBI de
10,5 trillones de dólares? Es imposible. Nos vamos a
encontrar desprotegidos ante la producción
norteamericana y vamos a ser invadidos por ella,
perdiendo ingresos, destrozando nuestra industria (la
que queda) y desaprovechando las fuentes de trabajo
que aún se mantienen. El ALCA es un proceso asimétrico,
donde los países de América Latina y el Caribe tendrán
que reducir sus aranceles y protecciones, las cuales
no son muy altas, sin conocer cuáles serán las
contrapartidas de EE.UU. y Canadá en rubros claves
como el agro y la alimentación. Las diferencias se
repiten en otras cuestiones. Por ejemplo Washington
pretende mantener sus mecanismos de antidumping e
imponer sus exigencias en patentes.
Podemos
decir entonces que el ALCA es entendido por Estados
Unidos como un proceso de liberalización del comercio
americano.
Sí.
Podemos decir eso. Porque explícitamente es a lo que
apunta Estados Unidos, a la liberalización del
comercio americano. Sin embargo comparto la opinión
del economista Daniel Olesker. Para Olesker el ALCA es
“mucho más que una propuesta de liberalización
comercial, es un proyecto estratégico de los Estados
Unidos para consolidar su dominación sobre América
Latina, vía la creación de un espacio privilegiado
de ampliación de sus fronteras económicas”. Su
puesta en marcha implica ahondar en la apertura y la
desregulación económica que llevó drásticamente al
debilitamiento de los estados nacionales
latinoamericanos y a la precarización de sus economías.
En la década del 90 el liberalismo se abrió paso y
los diferentes estados nacionales no resistieron su
embiste, ya que sus economías estaban maltrechas y
dirigidas por sectores sociales que históricamente
pretendieron su consolidación y su beneficio.
¿Concretamente
este proceso de integración o de anexión beneficia
directamente a Estados Unidos?
Sí,
aunque no sería tan tajante. Creo que beneficiará a
la producción norteamericana y por lo tanto
beneficiará a los dueños de dicha producción. Colin Powell dijo que "nuestro objetivo en el
ALCA es garantizar a las empresas de EE.UU. el control
de un territorio que va desde el Polo Ártico hasta la
Antártida, el libre acceso al mercado sin ningún
obstáculo ni dificultad para nuestros capitales,
productos, servicios y tecnología en todo el
hemisferio". Como vemos, se apunta a favorecer a
determinados sectores empresariales. Según Dejalma Cremonese EE.UU. posee nueve de las diez mayores compañías
de software del mundo; nueve de las diez mayores compañías
de venta minorista; cinco de los diez mayores bancos;
seis de las diez mayores compañías farmacéuticas y
de biotecnología; cuatro de las diez mayores empresas
de telecomunicaciones; siete de las diez mayores compañías
de tecnología de la información; cuatro
de las diez mayores compañías de petróleo y gas y
cuatro de las diez mayores aseguradoras. De todas maneras, pensar que sólo los empresarios
norteamericanos serán los favorecidos resulta un
contrasentido. Por un lado, si aumenta la venta de
productos norteamericanos es más que lógico que su
PBI también aumente, lo cual favorecerá
indirectamente a la población. Por otro lado, y esto
es lo que más me preocupa, determinados sectores
latinoamericanos también se verán favorecidos.
Fundamentalmente el sector importador. El cual traerá
mercadería a bajo precio y pagando bajos aranceles o
ningunos. También podríamos sostener que se
beneficiará la población latinoamericana en general
en la medida que los precios de consumo bajen por la
disminución de impuestos (entre otros factores). Sin
embargo eso es un falso supuesto ya que para comprar
un producto necesito dinero. ¿Y de dónde lo voy a
obtener si no tengo trabajo porque cerró la fábrica
en la que trabajaba justamente porque no pudo competir
con los precios extranjeros? Un sector que saldrá
favorecido es el
exportador de materias primas. Por ejemplo, la carnes
uruguaya y argentina, en teoría, estarán libres de
aranceles para ingresar a EEUU. Habría que ver si en
la práctica sucede de esa manera. Lo que sí resulta
convincente, es que a la mayoría del empresariado
latino no le conviene una integración de este tipo,
ya que sus pequeñas empresas no podrán competir con
las norteamericanas. Por ejemplo, según una encuesta del Instituto Boliviano de Comercio Exterior
nueve de cada 10 empresas bolivianas creen que el país no está
en condiciones de incursionar con éxito en el Área
de Libre Comercio de las Américas (ALCA). No creo que
esta opinión varíe mucho en el resto de los
empresarios latinoamericanos.
Por
lo que vi Estados Unidos piensa utilizar todo su
armamento comercial y diplomático para conseguir su
objetivo.
Sí,
estamos de acuerdo. Estados Unidos nuevamente vuelve a
la ofensiva en materia económica. Pero cuidado, este
ataque es más que nada una defensa. El
ALCA abrirá los mercados de América Latina y el
Caribe a la agricultura de EE.UU., pero también abrirá
el mercado a las corporaciones transnacionales (no
perdamos de vista que de las 500
mayores compañías transnacionales Estados Unidos
posee 244, cerca del 48%)
desplazando a las inversiones de la Unión Europea y
el Asia. Estados Unidos pretende repetir la Historia,
subordinando a la región a continuar su rol de zona
exportadora de materia prima, limitando su existencia
a la periferia del desarrollo sustentable. Comparto la
opinión de William E. Izarra cuando afirma que el
ALCA es el paradigma de la recolonización regional a
través de un componente jurídico internacional. Lo
que se pretende es sumar al mercado de EE.UU. el 12%
del área terrestre global, el 7 % de la población
mundial, el 30% del agua potable de todo el planeta y
la garantía incondicional del suministro de petróleo
para suplir sus reservas estratégicas.
Y
cuidado, su ofensiva no es sólo comercial y diplomática,
también es militar. Como dice Izarra: para asegurar
que el ALCA atienda los diferentes intereses de
EE.UU., el Comando Estratégico del Sur (Southcom)
viene desarrollando los respectivos planes militares
en el hemisferio. Por ejemplo el Plan Colombia
(militarización regional: iniciativa andina), el Plan
Nuevos Horizontes (mantener la subordinación
centroamericana) y el Plan Dignidad (controlar la
Amazonia). Recordemos que la Amazonia representa la
obtención de la materia prima para la ingeniería genética
y la biología molecular, elementos imprescindibles de
la industria farmacéutica mundial. En otro sentido,
como bien señala Izarra, los planes del Comando del
Sur pretenden el control de las vías de comunicación
regional para la explotación de los recursos
naturales y la producción de sus mercancías que
generará el ALCA. Entre ellas, los nuevos canales del
libre comercio, como lo son el Puebla-Panamá,
proyectado para unir el Golfo de México con el Pacífico,
y el canal seco que transita desde Brasil hasta el Pacífico
pasando por Ecuador. Para el economista mexicano Giancarlo Delgado
Ramos, investigador del Consejo Latinoamericano de
Ciencias Sociales, la situación político-económica
explosiva a ser causada por los efectos del ALCA podría
crear nuevos pretextos para la intervención del
Comando Sur de Estados Unidos en América Latina.
¿La
guerra de Irak tiene incidencia en el ALCA?
Por
supuesto. El ALCA refuerza la política norteamericana
de defensa que quedó manifiesta en la guerra de Irak.
Recordemos que la economía de la Unión Europea
comienza a prevalecer sobre la norteamericana. Este
punto quedó de manifiesto en el valor del dólar con
relación al euro. Uno de los motivos de la guerra con
Irak fue la defensa de la moneda norteamericana que
venía desmoronándose. El ALCA es otro eslabón para
defender la economía estadounidense. Si se consolida,
las importaciones europeas y asiáticas desaparecerán
de nuestro mapa y será la economía norteamericana la
más beneficiada de ello.
¿De todas maneras el
proceso de integración se encuentra en sendas
negociaciones y no todos los países comparten las
intenciones de EEUU?
Sí, eso
es cierto. Brasil es el principal país cuestionador
de este proceso de integración. Y resulta lógico.
Como señala el profesor Dejalma Cremonese: Bush promovió la
Ley de Subsidio Agrícola (Farm Bill) aplicando 70 mil millones de dólares en la agricultura estadounidense,
de un total de más de 180 mil millones para ser
aplicados en los próximos años. Con dicho subsidio,
Brasil
tendrá un perjuicio de 2.400 millones de dólares
anuales solamente con la disminución de la exportación
de soja (estimado así por la
Confederación Nacional de Agricultura). Por otra
parte, y en el mismo sentido, EE.UU. fijó un impuesto
del 30% al acero importado de Brasil; el jugo de
naranja brasilero cuesta, en promedio, 50% más para
entrar en EE.UU., el acero está subsidiado y existen
cuotas para el azúcar brasileño; las exportaciones
de frutas y vegetales de Brasil padecen la burocracia
de los trámites de procesos fitosanitarios; los
productos textiles también se encuentran subsidiados.
Según un
estudio realizado por el Ministerio de Relaciones
Exteriores de Brasil los 15 principales productos
brasileños exportados para Estados Unidos tienen un
impuesto promedio de 45%, mientras que los 15
principales productos de EE.UU. importados por Brasil
tienen, en promedio, una tasa de 14,3%.
Atención, la
economía brasilera no es la única afectada de
acuerdo a las negociaciones. Lo que ocurre que en
Brasil predomina un sentimiento nacional (a través de
una burguesía relativamente fuerte) que presiona a
sus gobernantes a defender su producción con mayor ahínco.
¿De
qué manera se negocia o se elabora la integración?
Debo suponer que Brasil por sí solo no podrá hacer
mella a las presiones norteamericanas.
Para las
negociaciones del ALCA se han conformado nueve mesas
permanentes sobre los siguientes temas: a)
Agricultura; b) Compras del sector público (gobiernos
nacional y seccionales); c) Inversiones; d) Acceso
libre a mercados; e) Subsidios; f) Servicios; g)
Derecho y propiedad intelectual; h) Política de
competencia; i) Tribunal de controversias. En cada
mesa participa un delegado oficial de cada país. Sin
embargo resulta obvio que el gobierno de Estados
Unidos tiene amplia hegemonía y domina las
negociaciones, las cuales hasta el año pasado se
mantenían en absoluta reserva. El secreto de las
negociaciones habla del carácter de las mismas. ¿Cuál
es el fin de mantenerlas en total hermetismo? Y
cuidado, ese hermetismo se rompió de alguna manera
gracias a la movilización ciudadana que ha tenido una
fuerte cuota de participación en contra de este
proceso.
¿Y
nuestro país?
Batlle,
fiel a su lógica liberal, acompaña este proceso de
integración dominado por Estados Unidos (Ver
la última visión del gobierno uruguayo presentada en
la XV Reunión del Comité de Negociaciones
Comerciales en Puerto España, Trinidad y Tobago).
En primer lugar creo que nuestro último gobierno
siempre se ha mostrado subordinado a los intereses de
la política norteamericana. En segundo lugar, Batlle
entiende que la viabilidad del Uruguay pasa por
obtener mayor cantidad de mercados para nuestros
productos. El tema en cuestión es si nos alcanza con
vender más carne y arroz para mantener sana a la
economía nacional. En lo personal creo que no. Todos
hablamos maravillas del Uruguay de mitad de siglo. Es
cierto que la Segunda Guerra Mundial como la Guerra de
Corea significaron mayores mercados y mayores
ingresos. Pero no es menos cierto que gran parte de
esos ingresos se destinaron a fomentar y proteger a la
pequeña industrial nacional. Insertos en el ALCA no
se podrá hacer lo mismo. La única protección que
tendrá nuestra frágil industria será la de la
competencia. Supongo que somos concientes que no
podemos competir con la industria norteamericana. Por
lo tanto en esa lógica perderemos innumerables
cantidades de fuentes de trabajo, y lo que es peor, de
capital social; más uruguayos deberán hacer las
valijas y emigrar por falta de empleo o de buen
salario. En otro orden según Olesker “el ALCA
cuestiona nuestra soberanía, porque prohibirá a los
países que tengan áreas de producción en las cuales
no pueda ingresar el sector privado, no permitirá
monopolios públicos. Prohibirá también que los
gobiernos municipales contraten servicios,
discriminando a capitales de toda la región y plantea
además que cualquier regulación estatal destinada a
preservar el medio ambiente, así como la salud, deberá
acreditar que no constituye un obstáculo innecesario
al comercio y la inversión, reservándose las
empresas el derecho a querellar a los estados”. De
todas maneras nuestra situación puede cambiar a
partir de las elecciones nacionales del 2004. O mejor
dicho, a partir de un nuevo escenario político donde
predomine la izquierda. Tal vez lleguemos a tiempo
para acercarnos más a Brasil y Argentina en materia
de políticas de integración. Creo que esto último
es viable, y más cuando da la sensación que para que
el ALCA se plasme resulte necesario una consulta
popular. Allí sí, como corresponde, la gente tendrá
la palabra.
Entrevista realizada por Gastón Labadie
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